viernes, 25 de febrero de 2011

ENCUENTRO. VERSIÓN 2. LA CHONI.

O sea paseaba yo, por Barcelona y de un tipejo peculiar me llamó la atención su manera de andar. Era elegante, tío. Y seguro de sí mismo. Da mal rollo, pero me resulta interesante. Buff, pero hablaba demasiado, e incluso callado cuando me vió parecía que seguía con conversaciones de esas chungas. Sabes lo que te digo, ¿no?. Demasiado para mí. Joder, vaya palo. Este no es como el Manolín. Que bueno que era, él, un poco pesaíllo, pero tenía buen fondo el chaval. Es una cosa que... ¡No tío!. Emm... Haber si me entiendes. Cada vez que me lo encuentro me viene un cosquilleo por el cuerpo que.. ¡Hay mare!. Y ahora voy y me caigo. ¡Que fuerte me parece, en serio!. Pero el chiquillo va y me agarra del brazo justo antes de pegarme un piñazo en el que acabaría viendo las estrellas. Vaya día. Pero en verdad yo creía que solo le pasaban a las pijas de la tele. Aunque en verdad he tenido suerte. Este pabo no solo tiene dinero. También me salva de caídas.

domingo, 20 de febrero de 2011

Encuentro. VERSIÓN 1.

Caminando por Las Ramblas de Barcelona le vi de nuevo. Con qué elegancia camina. Con qué seguridad me mira. Con qué sutileza es capaz de pronunciar palabras sin tartamudear en ningún momento.
Sus labios se mueven al ritmo de mi corazón y nuestras miradas entrelazadas por milésimas de segundo se cuentan secretos imposibles de ser dichos oralmente.
Qué cosquilleo se me forma en la barriga al verte.
No lo puedo evitar. Quiero saltar. Quiero bailar. Quiero colgarme de esos cables que cuelgan de ese sitio desconocido para mí. Y soñar despierta constantemente. Pero solo si en el sueño sales tú.
De pronto te rozo el brazo. Un movimiento involuntario me provoca una caída, y tu reflejo perfecto hace que me agarres del brazo antes de poder tocar el suelo. Qué curioso pienso. Creía que estas cosas solo ocurrían en las películas. Pero no. Es real. Tú y yo. Se acabó el observarte desde lejos. El preguntarte la hora y si me das un cigarrillo. Ahora te observo de cerca. Y las preguntas absurdas se convierten en conversaciones largas y duraderas. Todas junto a ti.